Perros al ataque

ojos

Los animalistas se unieron y lograron aprobar una ley en Colombia que castiga con multa y cárcel a quien maltrate un animal.  Todo un logro político y social para aplaudir.  Sin embargo se hace evidente la falta de coherencia de quienes promulgan el respeto animal pero dan la espalda a la vida humana.  Dos niños fueron atacados esta semana por perros domésticos – uno murió, pero de tales animalistas no se oye ni escucha nada.  Alguien me dijo que “ellos no tienen nada que ver en esos casos”, pero es justamente todo lo contrario.  Para autoproclamarse defensor de animales es necesario hacerlo en toda su integridad porque los animales domésticos lo son por su convivencia con el ser humano.  ¿Por qué no sabemos qué causó esos ataques? ¿Cuestión de raza, genética, maltrato previo, reacción defensiva?  Podemos recostarnos en las autoridades laxas cuyas investigaciones resultan inexistentes para estos casos, o podemos mirar a quienes dicen ser amigos de los animales y escuchar el silencio que han dejado sus pasos en retirada ante la falta de actuación.

Cada diciembre veo las redes inundadas de mensajes animalistas condenando a quienes regalan mascotas como obsequio navideño, a quienes venden cachorros, a quienes maltratan mascotas, pero no veo sus ejércitos de almas compasivas repartiendo volantes ni hablando en los parques sobre cómo prevenir estos lamentables casos – parece que para ellos se trata de “simples humanos sin importancia”.  El mundo no puede estar más al revés, espero estar equivocado y recibir en los comentarios las direcciones de las campañas de prevención en Colombia, quisiera verme obligado a escribir un artículo destacando tal labor.

dientesCon frecuencia me encuentro con dueños de mascotas que cometen un error tras otro comprometiendo su seguridad, la de sus familias, la de quienes estamos alrededor y la de sus mascotas. Por ejemplo, salen a caminar pero no llevan correa para el perro “porque no hace nada” – es la respuesta que escucho cada vez que hago el reclamo.  Por supuesto que “no hace nada” – hasta que lo haga.  He visto todo tipo de mascotas salir en estampida por el pito de un carro, o cualquier otro incidente no controlable.  Ojalá los animalistas dejaran tanto activismo y se mostraran proclives a la vida humana mediante la acción, como si fueran humanos.

shitLos excrementos de los perros y gatos ya son un problema mayor en nuestras ciudades.  Es imposible disfrutar de un parque sin los nauseabundos olores de los excrementos – por citar el “accidente” más ligero.  No sé quién fue el genio que dispuso que los dueños de mascotas guardaran en bolsas plásticas los excrementos – ahora tenemos toneladas de estiércol en la mejores condiciones para las bacterias: oscuridad, humedad, temperatura ¡y más bacterias! ¡Genios!  La vida humana en peligro porque millones de animalistas no piensan.  ¿Y entonces cuál es la solución?  Ciertamente es más práctica la idea de enterrar los excrementos (punto para los gatos) sin bolsas plásticas y ahí viene el otro detalle: pensar que recoger los excrementos evita que otro perro detecte con su olfato miles de veces más agudo que el humano que ahí defecó su congénere – sin contar con lo desagradable que es sentarse “en el pasto untado”.

Tener una mascota es una gran responsabilidad y debería exigirse como mínimo la disponibilidad de espacio para su recreo y sus defecaciones, pero no he visto al primer animalista respetando el espacio humano de recreación evitando que su perro orine o defeque allí, y publicando sus “acciones responsables”.  Por el contrario, se enojan cuando los humanos reclamamos nuestro espacio.  En Japón no se puede comprar un carro hasta demostrar que se cuenta con el espacio para guardarlo ¿será que entienden mi analogía?

Dog_in_animal_shelter_in_Washington,_IowaDe poco sirven las leyes que protegen las mascotas si no disponemos de sistemas de control efectivo, partiendo de la base – del ciudadano, donde la autorregulación sea la clave del sistema.  Para ser fanático de cualquier tipo – religioso, deportivo o animalista, sólo se necesita una cosa: ignorar a los demás.  Espero – de corazón, ver a un nutrido grupo de animalistas visitando a las familias en duelo de esta semana para acompañarlos, para atender las necesidades afectivas a partir del dolor de la muerte y de ver traicionada la confianza de un animal cuyo comportamiento cambió repentinamente afectando profundamente a la familia.  Espero ver animalistas estudiando, investigando, proṕoniendo acciones preventivas y aceptando “mea culpa” donde sea necesario para proteger primero al ser humano.  Quiero escuchar menos triunfalismo político, menos discurso de reproche y quiero escribir sobre los buenos animalistas que entienden que defienden a todos los seres vivos y en importancia moral el humano va primero, me encantaría poder retractarme de este artículo porque la evidencia abrumadora desmienta mis afirmaciones.

¡Guau!

 

 

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