La magia de la Navidad

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¡La magia de la Navidad! Los católicos no deberíamos usar esta frase, ni siquiera en modo figurado, no sólo por prohibición expresa, sino para tener siempre presente que a nosotros – los fieles, no nos mueven cosas al azar, ni voluntades diferentes a la de Dios, ni siquiera la propia.  El verdadero abandono en la voluntad de Dios, la confianza real en SU voluntad, es la verdadera Navidad.  No hay nada mágico en ella – Dios domina el mundo natural y el sobrenatural, la fe se nutre de la experiencia mística personal y colectiva, pero eso no implica que estemos tras de fenómenos paranormales o esotéricos – por el contrario, tenemos la prohibición expresa de participar en cualquier actividad que involucre magia.

En el catolicismo está totalmente proscrito (prohibido) el uso de magia – comprendiendo en este término la adivinación o el control del destino, por cuanto eso implica directamente una falta de confianza en Dios y en su voluntad – de ahí la palabra fiel. Y no lo digo como si fuera mi teoría fanática, los católicos fundamos nuestra doctrina en las Sagradas Escrituras (Deuteronomio 18, 10; Jeremías 29, 8), en la Tradición Apostólica y en el Magisterio de la Iglesia (Catecismo 1852; 2115) – en todos ellos la magia está considerada como una falta grave por la misma razón: es una falta a la fe en Dios.

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¿Y entonces cómo describimos los fenómenos sobrenaturales de la Navidad?  Porque tenemos un  montón de hechos que se salen de la naturaleza, el más destacado es que la Santísima Virgen María haya quedado embarazada sin que San José haya intervenido, sin mencionar que la razón de ese nacimiento sólo se justifica en su propia muerte.  La respuesta es: MISTERIO. Simple.  Siendo Dios la única verdad, sólo Él conoce los tiempos y las razones, aunque ha revelado al hombre su plan – que todos nos salvemos sin que ninguno se pierda (Juan 6, 35-40), pocos son los detalles del cómo – lo importante es que cada promesa hecha está siendo cumplida y la Navidad es el mejor ejemplo porque el nacimiento de Jesús estaba anunciado a través de PROFETAS, no de magos, ni brujos – sino de personas que confiaron plenamente en Dios y cuyo objetivo (dispuesto por Dios) no era hacer dinero, fundar iglesias en garajes, ni ser famosos, sino transmitir este mensaje.

La excusa para hablar de la “magia” de la Navidad puede ser que acudimos a una figura literaria como el símil o comparación, o tal vez un eufemismo que decora el mensaje a manera de una evocación romántica, pero la verdad es que la Navidad se refiere de manera única y exclusiva al nacimiento de Jesucristo – en inglés resulta más claro al usar la palabra “Christmas” donde las seis primeras letras ya nos anticipan el tema central.  En la Biblia no dice que celebremos el nacimiento de Jesucristo, de hecho sólo nos pide conmemorar su muerte, así que esto no es un cumpleaños, los católicos no celebramos fechas (eso sería esotérico), celebramos hechos y cuando comprendemos que el júbilo es por el cumplimiento de las promesas de Dios, estamos celebrando la verdadera Navidad.  El resto es simple y vulgar adorno.

Yo no doy consejos – sólo recomiendo ideas, y lo mejor que le puedo recomendar es que estudie.  Entienda qué pasó – no se trata sólo de un nacimiento porque entonces sólo estaríamos celebrando un cumpleaños y eso tampoco es la Navidad.  Localice su parroquia, preséntese a su párroco, y él entenderá lo que usted necesita.  Cuando estudie y  entienda el MISTERIO de la Navidad, ya no importarán los adornos, las luces ni la magia, usted estará en el camino de la verdad.

¡Feliz Navidad!

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