Los perros no hablan

perro-hambrePoco a poco he descubierto el fanatismo de algunos humanos por los animales, haciéndose llamar “animalistas” cuando en realidad no pasan de ser un puñado de plañideros sin otro enfoque que su lánguida existencia llena de culpa por su auto denigrante condición de homo sapiens – aunque aclaro que no son todos. Dan ganas de abofetearlos cuando publican fotos de animales humanizados con algunos gestos faciales y una lacónica leyenda como “¿Qué harías si tuvieras hambre y no pudieras hablar?” ¡Pues ladrar! o maullar, o piar, o rebuscarse como su naturaleza se lo permite – a mí no me vengan con lloraderas por seres más capacitados para sobrevivir que el propio ser humano. Una cosa es respetar y exigir el respeto por la naturaleza, y otra es humanizar a los animales – algo que viene a ser como un insulto al propio animal.

Mi conclusión (apenas en el segundo párrafo, pero tanta pensadera con estos degradantes animalistas de parque de urbanización urge conclusiones) es muy simple: lo que echa a perder a estos personajes de circo es que NO SON CREYENTES – aunque algunos dicen serlo. Y no lo digo sólo desde mi perspectiva de creyente, sino por mera cuestión filosófica: si creyeran en un Dios Creador (todo un rollo para los humanos desde el Enuma Elish, el relato babilónico de la creación), no sería posible pensar en un Dios tan miserable que haya privado a algunas de sus criaturas ¡de la gastronómica posibilidad de ir a un McDonald’s a pedir un servicio! Para los evolucionistas (aunque según el sacerdote jesuita Georges Lemaitre el asunto entre ciencia y fe no es contradictorio), resultará obvio que nuestro moderno manicure corresponde a garras evolucionadas y poco a poco desprendidas del filo, potencia y rigor necesarios para cazar, así que un gato y un perro están en las debidas condiciones para lograr su propio alimento y quienes crean que eso no es posible les invito a leer esta reciente noticia de perros en jauría que han logrado sobrevivir al “abandono humano” a través del uso de sus instintos. Dios ha creado y sigue creando con perfección, pero los humanos vivimos alterando o ignorando tal perfección. Cabe en este momento citar a Albert Einstein cuando escribió en “Mein Weltbild” con respecto a las leyes de la naturaleza que “se manifiesta una razón tan considerable que, frente a ella, cualquier ingenio del pensamiento o de la organización humana no es más que un pálido relejo” Entonces nuestros lánguidos defensores de animales, quienes al mejor estilo de LaPlace quien dijo que “Ya no necesito más la hipótesis de Dios”, no creen en un Dios creador y bondadoso, pero tampoco confían en el proceso evolutivo que incluye la desaparición del más débil – simplemente nos obligan a escuchar los lamentos de su execrable cosmogonía del perrito faldero indefenso… Si por lo menos se tomaran el tiempo de leer la fábula (donde los perros sí hablan) “El lobo y el perro” del polémico La Fontaine, nos ahorrarían mucho tiempo y esfuerzo.

No veo a los “animalistas” al frente de las perreras de la ciudad donde vivo, con carteles que protesten por los experimentos genéticos que crean y “mejoran” las costosas razas, sólo los veo publicando lamentos sobre fotos de perros criollos diciendo “Adóptame aunque no sea de raza”, al final de la cadena de producción animal – escarbando entre las migajas del problema, en lugar de enfrentarlo con decisión. Veo muchos avisos suplicando lastimeramente por comida, vacunas, tratamientos y albergue para mascotas abandonadas o a punto de aplicarles la eutanasia, pero no veo marchas, carteles, escuelas ni campañas educativas ni preventivas que pasen de un lánguido volante (paradójicamente patrocinado por una marca de comida animal) o un montón de letra muerta en redes sociales. Al final de cuentas el útil perro que vino del lobo a cuidar el ganado del amo y a depender de él, se está quedando sin utilidad en esta sociedad de dinero, apartamentos y muy poco tiempo. El perro deberá parecerse más al siempre cómodo y rebuscador gato (llegado de las áridas llanuras egipcias en aras de su supervivencia), pero ya es tarde para que la genética de laboratorio espere y tolere una evolución natural. Convertir en creyentes a estos “animalistas” puede ser alivio para nosotros, pero urgente el alivio se necesita en realidad en las mascotas abandonadas por estúpidos que no pueden entender la responsabilidad sobre nuestros hermanos menores y nuestra casa común. ¡No compres, adopta! (Sarcasmo final).

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