Regañe, Señor Alcalde

Zipa416

Apreciado Doctor Luis Alfonso. Hoy asistí muy puntual al acto oficial por los 416 años de fundación del Municipio de Zipaquirá, en general debo decir que resultó muy bien, su discurso fue elocuente y muy sentido – me agradó mucho su expresión “las entrañas de sal de nuestro municipio” y tanto la reseña histórica como social y cultural que nos obsequió con sus palabras.

La actuación de la Orquesta sinfónica de Zipaquirá fue profesional y muy acertada – los himnos oficiales con banda son realmente una oportunidad para vivir cada estrofa, y ciertamente esos músicos se han preparado muy bien – es evidente y nos llena de orgullo.

Pero precisamente de esos himnos quiero hablarle. Probablemente usted nunca llegue a leer mis palabras porque los ciudadanos corrientes como yo pasamos desapercibidos – y si es con una queja pues aún más ignorados, pero mi deber es resaltar lo positivo y llamar su atención sobre lo que se puede corregir, así que vamos directo al grano: MUY POCOS DE LOS FUNCIONARIOS OFICIALES EN EL EVENTO, ENTONARON LOS HIMNOS – y los que lo hicieron (al menos cerca a donde yo estaba) lo hicieron con voz apagada, diría yo que temerosa.

Es comprensible que por cuestiones del servicio, algunos voluntarios de la Defensa Civil usen sus radios o coordinen algunas cosas entre ellos mientras se entonan los himnos – ellos siempre atentos a servir a la ciudadanía, pero algunos funcionarios oficiales no vacilaron en contestar sus teléfonos y seguir una conversación, otros pusieron sus manos atrás o se cruzaron de brazos y con cara seria permanecieron en silencio. Que yo sepa no hay funcionarios extranjeros en su administración que pudiesen excusarse de no conocer la letra del Himno Nacional. Parece que no comprendieron “las palabras del que murió en la cruz”.

Ante mi sorpresa decidí moverme un poco (rompiendo el protocolo) entre los asistentes para verificar mi fatal hallazgo: el Himno de Cundinamarca tampoco tuvo acogida entre la mayoría de sus funcionarios, al menos puedo dar fe que no hubo tal “acento febril” – apenas unos cantos apagados de algunos que hicieron el esfuerzo de “fe y dignidad” que se necesitaba.

Sin perder la esperanza asumí que el Himno de Zipaquirá sería otra historia, pero me equivoqué: parece que algunos de sus funcionarios no han logrado sentir “el bien, de estar en la tierra de Peña y Cortés” y en “la plaza de los diez mil comuneros” apenas se oyó el canto de los estudiantes de los colegios asistentes.

Regañe, Señor Alcalde, porque sus funcionarios – nuestros empleados – deberían ser no sólo el ejemplo, sino el verdadero sentimiento al entonar los himnos A VOZ EN CUELLO, porque la institucionalidad es lo primero que el enemigo de la paz ataca, y empieza precisamente por esa apatía que desdibuja la sangre de nuestros héroes, que desvirtúa la vida de quienes la ofrecieron por nuestra libertad, que arroja al abismo del olvido las raíces que claman desde el pasado por mantener la justicia, la verdad y el orgullo de ser libres.

¡Regañe, Señor Alcalde, que nuestra magnífica Orquesta Sinfónica jamás se vuelva a quedar sin voces de Patria, porque ser funcionario oficial no es un salario más, es una virtud de servicio!

Gracias, Dios lo bendiga.

 

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