El eterno entre la comodidad y la miseria humanas

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Como todo lo que el hombre crea y vive, la palabra clave es “equilibrio” – y la privacidad en internet no se escapa a ello. La tecnología siempre en desarrollo finalmente llegó de manera masiva a las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TICs). Y lo hizo no sólo para quedarse sino para expandirse casi furtivamente por los conductos más ínfimos de este gigantesco sistema con vida propia. ¿El problema? Que nuevamente las personas, empresas y grupos sociales con poder se han apoderado del sistema y no lo van a soltar, esta vez esgrimiendo con mucho orgullo su pase de entrada a la privacidad de cada humano relacionado con internet.

Para nadie es un secreto que es agradable encontrar lo que se busca. Lo que no percibimos es que hoy en día es posible gracias a la invasión de la privacidad, o mejor aún a haber regalado nuestra privacidad. Mientras ojeamos alguna noticia de poca importancia en algún portal de internet, de repente nuestros ojos y atención se desvían a los lados, a la parte de abajo o entre párrafos, a otras noticias y artículos mucho más interesantes – incluso en ocasiones ni siquiera terminamos de leer lo que estamos leyendo, abandonamos vídeos y otros temas por “correr detrás de la zanahoria amarrada al palo”. La clave está en lo placentero de encontrar lo que buscamos, necesitamos o simplemente nos interesa. ¿Cómo lo logran? Pues nos vigilan, nos encuestan, nos siguen, nos leen y escuchan, ponen todo en gigantescas bases de datos y luego hacen búsquedas y filtros que arrojan números – los números nunca mienten, haciendo así fantásticas fórmulas que atrapan consumidores – nosotros. Se le conoce como “minería de datos” y es una ciencia que produce cientos de miles de millones de dólares.

Los legisladores no dan abasto con todos los vericuetos que produce el uso de la tecnología al captar información de los habitantes de internet, además de tener muchos conflictos de interés en el licenciamiento y prohibición de captura, análisis y uso de dichos datos. Como ciudadanos inocentes podríamos no preocuparnos mucho por cuanto esos datos son tratados en masa para sumas y promedios, pero el acoso, la vigilancia, el abuso y la censura están a la orden del día espiando ciudadanos particulares, organizaciones y estados – ¡unos a otros sin control! Ya sea por cuestiones políticas, religiosas, de seguridad nacional o simple mercadeo.

¿Qué más puedo decir? Es una radiografía, una mímica, un símil, de la realidad humana, donde los intereses personales siguen persistiendo sobre el bien común. Una sociedad atragantada en el placer, cediendo a la aberración propia a cambio de un mendrugo de pan, pero que ahora vemos con horror gracias a la fibra óptica, el láser y la pantalla led, pero es el mismo salvaje clavando sus dientes en el dinosaurio para saciar su hambre, su sed, su curiosidad, su humanidad…

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